La dama del pantano cuida de las quimeras aladas,
casi sin tocarlas, casi sin quererlas,
por la fortuna que sufre si sigue esa tarea.
Enhebra sus cuerdas vocales para resistir la ambición.
Adora las horas.
Hace mermar los miedos agazapada, entre lianas sedosas,
entre páginas arraigadas y palpitantes.
Dar a la menuda juventud una esmeralda
y que con ella queme familias enteras, desperdigándolas,
ofreciéndoselas a la dama y sus llaves de secretos profundos,
y sus labios lapislázuli.
Comerse los matinales frutos de la codicia,
clareados por las gotitas que surcan sus crujientes paredes.
Adora la lentitud.
Se sacude a la noche las estrellas de su cabello
y vuelve a hundirse en su pantano, bostezándole
a la oscuridad que la desea retener entre sus zarzas.
Mientras transcurre el vuelo de las quimeras
su frágil envestidura se torna amarillenta como el Otoño,
y al despertarse con las estrellas en su cabello,
casi por arte de magia, casi por necesidad,
abre los ojos
y se peina con una ocarina.
Samuel Ruibal Rosón
Samuel, seguimos de cerca tus escritos, tu poesía y en fin, tu manera de contar.
ResponderEliminarNo dejes de escribir.
Blanca (Batán )