"LLa lengua nace con el pueblo; que vuelva a él, que se funda con él, porque el pueblo es el verdadero dueño de la lengua". Miguel Delibes a lengua nace con el pueblo; que vuelva a él, que se funda con él, porque el pueblo es el verdadero dueño de la lengua". Miguel Delibes

domingo, 21 de octubre de 2018

CASUALIDADES


Esa fue una mañana lluviosa. Era viernes 23 de mayo de 2004. Carlos se levantó, como todos los días, a las cinco y media de la mañana y se preparaba para ir a trabajar. Siguió su rutina como de costumbre: puso su cafetera y se fue a duchar mientras el olor amargo del café llenaba toda la cocina. Se vistió, desayunó, lavó sus dientes y salió en su coche rumbo al trabajo, trayecto que solía durar algo menos de dos horas.

María, una joven estudiante de Magisterio aficionada a la música, se levantó a las seis y media de la mañana para ir a la universidad. Ese día tenía el examen final, por lo que estaba algo preocupada a pesar de haber estudiado y preparado el examen para aprobar sin ningún problema. Sabía que su profesor era muy exigente y eso la ponía nerviosa.

Como la mañana era lluviosa, eso hacía el tráfico más intenso y los charcos mucho más abundantes. Eran sobre las ocho menos diez. María estaba caminando por el andén con sus cascos y su música a todo volumen cuando Carlos, apurado por su retraso, pasó por encima de un charco mojando a María de la cabeza a los pies. Cuando Carlos se dio cuenta del accidente que había causado, se detuvo y fue de inmediato a ver si ella estaba bien, sin saber que en pocos segundos conocería a quien sería su compañera por el resto de su vida. 

Ángela Pastor Álvarez. 1º de Bachillerato.

ENTRE EL NEGRO Y EL BLANCO EXISTEN OTRO COLORES


Mi bisabuelo materno se llamaba Belarmino. Cuando comenzó la guerra civil, tenía 25 años y se fue a luchar en el bando republicano.



Según mi abuelo, del tema de la guerra no le gustaba hablar nada. Había muchas cosas que quería olvidar y no podía.



A lo largo de la guerra, mi bisabuelo llegó a ser teniente y le destinaron a la zona de Grao. En una ocasión, cogieron a unos soldados del bando nacional para matarlos pero mi bisabuelo se negó, ante todo era un hombre justo. Los apresaron, los llevaron a sus superiores y los mandaron a la cárcel pero no los mataron.



El bando nacional iba ganando la guerra y los republicanos tenían que esconderse para que no los mataran. Mi bisabuelo huyó al monte y allí permaneció escondido tiempo pero le capturaron. No lo mataron pero lo llevaron a la cárcel y le condenaron a morir fusilado. Sin embargo, la vida le deparaba una sorpresa: uno de los hombres del bando nacional que él había salvado era capitán y reconoció a mi bisabuelo. Gracias a él, no lo fusilaron, y al final, acabó saliendo de la cárcel.



Con esta historia aprendí que la guerra no tiene sentido, los ideales hay que defenderlos de otra manera. En ocasiones, a quien consideras tu enemigo puede salvarte la vida porque hay gente buena y mala en todos los sitios. No todo es blanco y negro, hay más colores.

Jimena González Díaz. 2º de ESO


-->

EL CEREZO DE MARÍA


Durante la guerra civil, una señora que se llamaba María vivía, junto con su esposo y sus dos hijas, en un pueblo de Turón.

Un hermano de María que trabajaba en la mina pertenecía a un sindicato y, como en la guerra no estaba bien visto, lo querían meter preso. Entonces María lo escondió en el sótano de su casa y allí estuvo años.

Un primo lejano bajó un día a Turón, al cuartelillo de la Guardia Civil, y denunció dónde estaba escondido. La Guardia Civil se presentó en casa de María y, delante de ella y de sus hijas, lo fusilaron. A María la obligaron a cavar una tumba y lo tuvo que enterrar delante de la casa.

Todavía hay las marcas de las balas en la puerta y en la tumba hay un cerezo que María plantó.

 
Sergio Osorio Fernández. 2º de ESO

sábado, 20 de octubre de 2018

VIDAS ROTAS


“Vienen aquí a robarnos el trabajo”. Esta sentencia la he oído muchas veces a lo largo de mi aún corta vida. Me duele, no solo por ser yo hija de un extranjero sino porque todos los españoles fuimos, somos y seremos una población emigrante que en algún momento tuvimos que “robar” el trabajo a los ciudadanos de otro país para poder seguir adelante. Pues bien, cada vez que un ser llamado “inteligente” me dice la frase con la que he empezado esta crónica, yo respondo: “Nosotros también emigramos ¿o aún no lo sabes?”. Para demostrar que lo que digo es cierto, he aquí el resumen de la vida de Avelino García Álvarez, hermano de mi bisabuela.

Damos marcha atrás en el tiempo y llegamos a 1919. En un pueblo de la Güeria de San Tirso (Mieres), llamado Escalada de Arriba. Avelino, un muchacho de 14 años, huérfano de padre y madre, decide, junto a otro compañero, emprender una huida hacia adelante en busca de una vida mejor. A pie, o saltando de tren en tren, llegan a la frontera con los Pirineos, donde queda solo ya que su amigo decide abandonar el viaje. Impulsado por la desesperación, o el orgullo, Avelino, sin saber adónde ir, se adentra en el país vecino, Francia. Tras haber trabajado en diversos oficios, llega a Haillicourt, población de Norte Paso de Calais. Allí inicia su nueva vida como albañil. Con sus propias manos levanta la casa de la familia García, compuesta por él, su esposa Lucienne y sus seis hijos: Jacqueline, Jean, André, Jeannine, Michelle y Danielle.




Toda esta historia se supo por estas casualidades que tiene la vida, el azar, o no sé bien qué.

Una cuñada de mi bisabuela Paula tenía familiares en Barcelona. Uno de ellos se trasladó a Francia por motivos laborales y allí le presentaron al protagonista de esta historia, Avelino. Él le contó su vida y la ilusión que le haría reencontrarse con su familia, a la cual tuvo que dejar allá por los años 10. Decidió escribir una carta a su hermana Paula y que este señor la enviara a través de sus familiares en Asturias. Así se retomó la relación entre ambos. Supo de la muerte de sus dos hermanos varones, uno en la guerra y otro en un accidente en la mina.

Las cartas entre Avelino y Paula se volvieron cada vez más frecuentes. La última que vi llegó en el año 1952.

No hubo más noticias de ellos, hasta que hace unos ocho años un hombre francés llamado Manuel llegó a Mieres, era uno de los descendientes de Avelino. Nadie tuvo la idea de pedirle una dirección o un teléfono para seguir en contacto. Yo aún era pequeña y mi madre se enteró muchos días después. Por eso, ahora, he decidido contar su historia, que también es la mía, porque tengo la total convicción de que los conoceré.

                                                        Sara Vera Kozel Álvarez. 1º de Bachillerato.





UN MINERO COMO MI ABUELO


Aún existen en las cuencas mineras hombres como mi abuelo. Ya cumplidos los 72 años, escasos de salud pero con buen ánimo, va de chigre en chigre hablando de los tiempos pasados y del  poco prometedor futuro que les espera a las cuencas mineras.

Mi abuelo vino de Extremadura con sus cinco hermanos y sus padres, muy empobrecidos, con la esperanza de encontrar una vida mejor de la que tenían allí. Empezó a trabajar repartiendo prensa a los siete años; luego, de caramelero en el cine Pombo de Mieres a los ocho años; y más tarde, entró en la mina a la temprana edad de 13 años. Trabajó en dos chamizos en condiciones que hoy por hoy se consideran tercermundistas.
           
Al cumplir los 18 años, marchó a Alemania a trabajar poniendo raíles; así, mejoraron su salario y sus condiciones de trabajo. Desgraciadamente su padre, Ramón, falleció al año siguiente debido a una infección pulmonar que cogió en la mina. La añoranza de su familia y de la luz de España, le hizo regresar a los 20 años cuando consiguió el suficiente dinero.

A los 22 años empezó a trabajar en HUNOSA. Su vida mejoró entonces: se casó, tuvo un hijo, nuevos compañeros, juergas y una lucha por mejorar las condiciones de trabajo dentro de las minas.

Ahora las minas están desapareciendo en las cuencas, ya solo quedan viejos mineros como mi abuelo que recuerdan con nostalgia el orgullo de ser minero.

Paula Flores García. 2º de ESO