"LLa lengua nace con el pueblo; que vuelva a él, que se funda con él, porque el pueblo es el verdadero dueño de la lengua". Miguel Delibes a lengua nace con el pueblo; que vuelva a él, que se funda con él, porque el pueblo es el verdadero dueño de la lengua". Miguel Delibes

miércoles, 12 de junio de 2019

CANSADA, CANSADO

Cansada de estudiar para aprender nada.
Cansado de normas para no cumplir nada.
Cansada de madrugar para hacer nada.
Cansado de todo para tener nada.
Cansada de vivir los mismos días para nada.
Cansado de ahogar las penas en silencio para nada.
Cansada de vivir para morir, que es nada.

2º B. ESO
Poema colectivo siguiendo la estructura de  
Siempre, de Alejandra Pizarnik.   

BIOGRAFÍA DE MARÍA ANTONIA RUFO MARTÍN


Mi abuela se llama María Antonia Rufo Martín. Nació en 1941, en Miranda de Castañar, un pueblo de Salamanca.

Su madre tuvo cinco hijas y cuatro hijos, de los cuales, dos niñas y un niño murieron antes de cumplir los cuatro años y, aunque mi abuela fue la quinta, no los conoció.

Su madre llevaba la casa, los niños, aparte del trabajo en el campo; su padre se dedicaba al cultivo y al ganado.

Mi abuela nunca fue a la escuela. Tampoco se acuerda de jugar a ningún juego mientras era niña, solo trabajar.

Cuando mi abuela tenía 10 años, su padre y su hermano mayor se marcharon a Asturias para trabajar en la mina y al año llegó mi abuela sola, para lavarles la ropa, hacerles la comida y mantener la casa.

Cuanto tenía 16 años, llegaron su madre y sus cuatro hermanos restantes. Entonces mi abuela empezó a trabajar de sirvienta en la casa de un médico hasta que con 22 años se casó con mi abuelo, un albañil. Con él tuvo tres hijas y un hijo; la primera de ellas con 22 años.

El momento que ella recuerda con más cariño es su boda.

Su pueblo, Miranda de Castañar, cuando era niña, estaba compuesto por casas antiguas y ahora está repleto de hoteles.

Isaac Fernández Losa. 2º de ESO

miércoles, 5 de junio de 2019

BIOGRAFÍA DE MARÍA AURORA RODRÍGUEZ ÁLVAREZ

Mi abuela se llama María Aurora Rodríguez Álvarez (en aquella época, todas las mujeres tenían que llevar el nombre de María delante del suyo). Nació en 1949, en Armiello (Turón). En su casa vivían seis personas: el matrimonio y cuatro hermanas.

Su madre trabajó amamantando niños del pueblo y lavaba la ropa a las vecinas. También cuidaba de animales como cerdos y cabras. El padre fue minero y no contribuía en las labores del hogar.

Mi abuela fue a la escuela hasta los doce años. Dejó de estudiar porque tuvo que trabajar para llevar dinero a casa. Mi abuela, en el colegio, tenía un solo libro (la enciclopedia Álvarez) donde daba las siguientes materias: Lengua, Mate, Historia, Religión y Educación Física.

De pequeña, solía jugar con las niñas del pueblo a: la comba, la piedra, el cascayu, el tres en raya, el parchís, el escondite… Recuerda la infancia como una de las etapas más bonitas de su vida, fue muy feliz.


En casa de mi abuela solo había radio, ni televisión ni periódicos. Ella afirma que leer el periódico era de ricos.

Empezó a trabajar a los 14 años de servicios domésticos para las casas del pueblo. Después de eso, todo su vida fue ama de casa.

Mi abuela tuvo a su primera hija a los 21 años; en total, tres hijas.

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Valora mucho las comodidades de hoy en día como la lavadora, el microondas, el agua corriente, la calefacción…

También recuerda que en Mieres, durante las huelgas mineras, tuvieron que prescindir de comida y ella se las apañaba para que nadie en casa quedara con hambre: por ejemplo, tuvieron que vender las pulseras de oro para poder comer. Ella afirma que no fue una época fácil.

Yo tenía dudas sobre el tiempo de ocio de mi abuela y le pregunté si había ido mucho al cine. Ella me dijo que, cuando era una niña, un señor en el pueblo sacaba unas sábanas, las tendía, enfocaba con un proyector y veían alguna película de baja calidad.

A continuación, me contó que el día de Ramos todo el pueblo se iba al monte, de fiesta. Todos contribuían llevando comida y bebida, y los niños jugaban por ahí. Noté que lo recordaba con mucho cariño.

Finalmente le pregunté qué echaba de menos de aquella época y me dijo que, en general, el ambiente que había en los pueblos: con poco, eran más felices que ahora.

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Jose Manuel Argüelles Sáez. 2º de ESO.
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BIOGRAFÍA DE MANUELA SUÁREZ FERNÁNDEZ

Mi abuela se llama Manuela Suárez Fernández. Nació en Oviedo, el 16 de marzo de 1965. Vivió en La Villa y en Rioturbio.

En la familia eran cinco hermanas y tres hermanos; ella ocupaba el último lugar de todos, o sea, era la octava.

Vivían todos en la misma casa, menos el padre, a quien no conoció. Su madre trabajaba haciendo colchones, limpiando casas, ayudando a los vecinos; en fin, todo lo que le salía lo hacía porque ella sola tenía que mantener a sus ocho hijos.

Con tres años fue a la Gota de Leche, que era un colegio para niños menores de seis años, tipo un internado.

Estudió en un colegio de monjas, donde lo pasó muy mal porque ella era zurda y eso no estaba bien visto por lo que le ataban la mano a la espalda para usase la diestra.

Con doce años marchó a Santander a trabajar como niñera, asistente del hogar… en casa de una familia y fue ahí cuando tuvo que dejar de estudiar. A lo largo de su vida trabajó y trabaja de cocinera.

En casa tenían radio cuando era pequeña pero la televisión no llegó hasta que fue adulta.

Se casó después de tener hijos, con 35 años. Con 18, tuvo a su primera hija (mi madre); seis años después, a su segunda hija; y seis años después, a su hijo. Ese es su recuerdo más bonito, cuando nacieron sus hijos; y esos recuerdos volvieron cuando nacimos mi hermano y yo.



Enol Vázquez Paradiñeiro. 2º de ESO.

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lunes, 3 de junio de 2019

BIOGRAFÍA DE LUDIVINA SÁNCHEZ PÉREZ


Mi abuela se llama Ludivina Sánchez Pérez. Nació el 19 de julio de 1941 en Nava del Rey, provincia de Valladolid. En su familia eran nueve personas, incluyéndola a ella; mi abuela era la cuarta de entre cinco chicas y dos chicos. 


El nombre de la madre era Isidora Pérez Vai, quien trabajaba de ama de casa y de modista, cosía para gente de fuera. Su padre se llamaba Daniel Sánchez Manjarres y era granjero, pues él cuidaba vacas, lo que le permitía vender leche.

A los cinco años vino a Asturias donde, al año siguiente, empezó la escuela en el colegio de las monjas en Figaredo. Allí tan solo podían estudiar catecismo, geografía y matemáticas. Desgraciadamente solo pudo recibir clase hasta los once años de edad, debido a que tuvo que marchar a Nava del Rey para cuidar de sus abuelos. 

Cuando era pequeña, a lo que más jugaba era al cascayu, que consiste en lanzar una pequeña piedra a los distintos rectángulos. Se lanza primero al cuadro más cercano y después a los siguientes, tratando de empujar los otros con el pie e ir a la pata coja. Pisar o dejar la tángala sobre una de las rayas significa que, para quien comete tal acción, pierde el juego. También pierde el jugador o jugadora que no lanza la piedra al cuadro adecuado, la deja sobre una de las rayas o pisa una de estas. Además también solía jugar a la Tula o al Pilla-Pilla.

Cuando mi abuela era joven, no disponían ni de radio ni de televisión, ni siquiera de periódicos. Por otra parte, leían muchos libros de religión que les prestaban las monjas, los cuales tenían que tratar con mucho cuidado.

Ella empezó a trabajar a la temprana edad de 13 años como sastra en Asturias, pues cosía chaquetas y pantalones de varón, pero no de mujer. Esto fue debido a que su cuñado era sastre y ella cosía para él. Estuvo en este oficio durante 14 años, hasta los 27, debido a que después de casada todavía cosía. Por otro lado, a lo largo de su vida ha trabajado y sigue trabajando como ama de casa, lo que le impidió trabajar fuera de ella.

Se casó a los 21 años, con mi abuelo Raúl García García.  Al año y medio de casarse tuvo a su primer hijo, Raúl García Sánchez. Llegó a tener siete hijos, tres niñas y cuatro niños. El último lo tuvo bastante tarde, cuando ya tenía 40 años.

 
Estuvo viviendo en diferentes lugares durante su juventud: Figaredo, Reicastro, y por último, vino a Mieres, donde ya lleva viviendo 46 años. El hecho de que cambiara tanto de localidad fue debido a que su marido, mi abuelo, trabajaba fuera.

Lo que recuerda con más cariño fueron los momentos en los que tuvo a sus hijos e hijas. Aunque no lo parezca, ella no recuerda nada con odio. Esto es algo que me alegra contar sobre mi abuela pues mucha gente se queja de lo que tiene en la vida, sin embargo, ella siempre mira la parte positiva de todo lo que le pasa por muy malo que parezca.


  
No puedo contar cómo es ahora el pueblo en el que se crio mi abuela debido a que yo nunca he ido y ella hace mucho tiempo que no va, por lo que no sabe cómo está ahora. No obstante, sí os puedo hablar del cambio que ha tenido Figaredo. Según me ha dicho mi abuela, este lugar ha perdido mucha población, hasta llegar al punto de quedarse con poca gente. Por otra parte, sigue siendo un sitio muy bello para visitar.

 
En definitiva, la vida de antes no se parecía en nada a la de ahora, pues era muy difícil que las mujeres no fuesen amas de casa, las familias eran muy numerosas, los padres no conseguían dinero suficiente, la mayoría de la gente vivía en condiciones precarias… Por otro lado, nuestras abuelas han conseguido pasar esos tiempos tan duros y formar unas familias.

Paula Flores García. 2º de ESO