La historia
comienza hacia el año 1910 cuando, gracias al dinero que adquirí de las
continuas pagas de mi abuelo, el duque de la región de Mieres (un pequeño pueblo de Asturias), pude
progresar en mi aprendizaje del pilotaje de la avioneta (en aquel tiempo, un
reciente invento que solo unos pocos afortunados podían tener, con tan buena
suerte, que entre ellos estaba yo).
Fue un proceso de diez años pero, al cabo de ese tiempo,
sabía pilotar ese vehículo a la perfección, con lo que me dispuse a probarlo y
emprendí un viaje hacia Islandia con el fin de disfrutar de esas famosas
tierras, de las que tan bien me habían hablado.
El tiempo estimado de mi viaje era de aproximadamente un mes, pero se retrasó, ya que sufrí un grave accidente debido a la rotura de la hélice de la avioneta.
El tiempo estimado de mi viaje era de aproximadamente un mes, pero se retrasó, ya que sufrí un grave accidente debido a la rotura de la hélice de la avioneta.
Perdí el conocimiento, pero fui a parar a una isla que a
simple vista parecía deshabitada.
Estuve varios días explorando la ínsula y efectivamente no encontré a nadie pero, al ir en busca de fruta para poder alimentarme, vi una cueva de gran altura. Continué adentrándome y divisé unas extrañas “personas” de más de tres metros, con tres ojos colocados en hilera de izquierda a derecha. Eran una especie de caníbales, pues justamente coincidí con su hora de caza y uno de ellos se estaba alimentando de otro.
Estuve varios días explorando la ínsula y efectivamente no encontré a nadie pero, al ir en busca de fruta para poder alimentarme, vi una cueva de gran altura. Continué adentrándome y divisé unas extrañas “personas” de más de tres metros, con tres ojos colocados en hilera de izquierda a derecha. Eran una especie de caníbales, pues justamente coincidí con su hora de caza y uno de ellos se estaba alimentando de otro.
Tuve la mala suerte de que me descubrió y se dispuso a
comerme. Me intenté defender cogiendo piedras afiladas para cortarle, pero ni
siquiera se inmutaba.
Al poco, se cansó de esperar, me cogió con sus grandes
manos y, justo cuando estaba a punto de tragarme, le lancé arena que, por casualidad,
encontré en mi bolsillo. Y se la arrojé contra su único punto débil, su ojo
central. De repente, cayó desplomado
Yo, atemorizado, corrí lo máximo que pude y llegué hasta
la arena en la que había aterrizado.
Mis ojos se iluminaron: un barco pesquero pasó por
aquella zona y, gracias a mis gritos, se acercó y me recogió. Les narré lo
sucedido y me transportaron hasta mi destino, Islandia.
A pesar de todo, todavía no me creo la inmensa suerte que
se me acercó.
Borja Fueyo Javato. 2º de ESO.
FELICIDADES BORJA. Estupendo el relato, me recordó a las aventuras de Odiseo. Me hubiera gustado ir contigo en esa avioneta y pasar por las aventuras que tú pasaste.....Con la escritura y la lectura se puede disfruter mucho y recorrer paises lejanos sin moverte de la butaca.
ResponderEliminarUn saludo y a seguir leyendo y escribiendo
Blanca